El coste del apagón ya es público: por qué lo vas a pagar tú y no quien provocó el problema
Si hubo un apagón, lo lógico sería pensar que lo paga quien falló.
Pues no. En el sistema eléctrico español, lo primero es reponer el servicio y asegurar que no vuelva a pasar. Y después, el coste se reparte. La parte fea es esta: la CNMC plantea que ese coste se “socialice” y llegue al recibo de todos durante un año.
Qué coste ha salido ahora a la luz
La novedad de estos días no es que el apagón costara dinero. Eso era obvio. La novedad es que ya se ha puesto cifra y mecanismo sobre la mesa. Según la información publicada sobre la propuesta remitida a audiencia pública el 16 de marzo, la CNMC plantea cargar a la demanda eléctrica un sobrecoste de entre 25,2 y 42 millones de euros por la reposición del servicio tras el apagón, recuperándolo de forma progresiva en hasta 12 meses.
Dicho sin poesía: no te llegará una línea que ponga “apagón”. Pero sí puede acabar entrando en el recibo como un recargo repartido entre todos.
Por qué no lo paga directamente “el culpable”
Porque el sistema no funciona como una multa de tráfico. Primero se estabiliza la red, se arranca generación, se repone el servicio y se evita que el problema se haga aún más grande. Eso cuesta dinero y alguien tiene que adelantarlo. En este caso, el regulador está planteando que ese coste no se quede en una empresa concreta, sino que se reparta entre la demanda para que no haya un golpe único y brusco.
Aquí está la parte incómoda: socializar el coste suena técnico, pero significa algo muy sencillo:
si tienes suministro, formas parte del reparto.
Y eso abre una pregunta bastante legítima: si hubo decisiones, fallos o un diseño deficiente detrás del apagón, ¿por qué el sistema tiende a pasar la factura al conjunto y no a identificar primero quién responde económicamente? Esa es justo la crítica que está empezando a crecer.
El problema no es solo el apagón: es lo que vino después
El apagón no se quedó en el día del susto. Desde entonces, Red Eléctrica ha operado con un “escudo antiapagón” o modo de operación reforzada, apoyándose mucho más en ciclos combinados y en restricciones técnicas para mantener la estabilidad. Ese refuerzo ya venía encareciendo el sistema, y con la subida reciente del gas el coste se ha disparado aún más. CincoDías informó hace cuatro días de que el coste de ese escudo había subido un 58% desde el inicio de la guerra en Oriente Próximo y hablaba de un sobrecoste de 103 millones solo en los primeros doce días del conflicto, con ingresos por restricciones técnicas pasando de 143 a 227 €/MWh.
Aquí hay una idea importante para el lector normal: el apagón tiene un coste puntual, pero la forma de operar “para que no se repita” también tiene un coste diario. Y ese ya no es un susto de un día; es una factura que se va cocinando poco a poco.
Entonces, ¿quién gana y quién paga?
Quien paga, si sale adelante lo que plantea la CNMC, es bastante fácil de responder: la demanda, o sea, hogares y empresas conectados al sistema.
Quien gana es más incómodo de decir, pero también hay que decirlo bien: cuando para estabilizar la red se activan más ciclos combinados o más servicios de ajuste, esas tecnologías cobran más. Eso no significa automáticamente que “se forren ilegalmente”, pero sí significa que el sistema reparte ingresos y costes de forma muy distinta según la tecnología que entre a resolver el problema. CincoDías explicaba precisamente que el impacto de la operación reforzada estaba muy alineado con el precio del gas y que afectaba directamente al PVPC.
Lo que de verdad debería indignarte
No es solo que el apagón cueste dinero. Eso pasa siempre.
Lo discutible es esto:
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que todavía no haya una sensación clara de responsabilidad económica individualizada,
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que los costes se estén presentando como algo a repartir entre todos,
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y que el usuario final vuelva a quedarse con el papel de pagador silencioso.
Porque cuando el sistema funciona mal, el consumidor no decide nada. Pero cuando llega la cuenta, sí cuenta.
Conclusión
Lo que ha salido ahora a la luz no es una anécdota técnica. Es una forma de entender cómo funciona el sistema eléctrico español: cuando hay un problema grande, el objetivo principal es que la luz vuelva. El segundo paso no es necesariamente buscar culpables, sino repartir el coste. Y si eso te suena injusto, no estás loco: es exactamente la lectura que mucha gente está empezando a hacer.
Si quieres protegerte de ese tipo de costes “invisibles”, la parte que sí controlas sigue siendo la misma: contrato, potencia, fecha de renovación y exposición real al mercado. Porque el apagón no lo eliges tú. Pero pagar de más por no revisar tu suministro, eso sí se puede evitar. ¿Te ayudamos? 😉







