Renovables sí… pero que el molino se lo pongan al vecino
En España nos encanta decir: “Hay que apostar por las renovables”. Pero luego llega el parque eólico, la planta solar o la línea de alta tensión cerca de casa… y aparecen las pancartas.
Bienvenido al maravilloso mundo del “sí a las renovables, pero no en mi patio”.
Todos queremos luz barata… pero nadie quiere ver el cable
Sobre el papel, todo el mundo está de acuerdo: menos gas, menos CO₂, más sol y más viento.
El problema viene cuando eso hay que convertirlo en cosas reales:
-
Placas solares que ocupan terreno.
-
Aerogeneradores que se ven desde el pueblo.
-
Líneas eléctricas nuevas para mover toda esa energía.
Y ahí empieza el show: que si “me tapa las vistas”, que si “hace ruido”, que si “baja el valor de mi casa”.
Mientras tanto, seguimos enchufados como si nada.
Sin infraestructuras, las renovables se quedan en foto bonita
Para que las renovables funcionen de verdad, hacen falta tres cosas:
-
Sitio donde instalarlas (y no todo puede ir en tejados).
-
Cables y subestaciones para llevar esa energía a donde se necesita.
-
Almacenamiento y gestión para cuando no hay sol ni viento.
Si frenamos cada proyecto porque molesta visualmente, al final lo que hacemos es alargar la vida del gas, el carbón o las importaciones de energía. Es decir: el problema sigue, solo que más caro y más contaminante.
¿Entonces, qué? ¿Tragamos con todo?
Tampoco va de decir “sí a todo y ya está”. Hay proyectos mal ubicados, impactos que se pueden minimizar y decisiones que se podrían tomar con más cabeza (y más participación local).
Pero hay que ser sinceros:
Si queremos luz barata, limpia y estable, algún molino vas a ver y alguna torre vas a tener cerca. No existe la energía invisible.
La clave está en:
-
Planificar bien dónde se ponen las cosas.
-
Compensar y escuchar de verdad a la gente del territorio.
-
Y dejar de vender la idea de que todo se puede resolver solo con “placas en los tejados”. Que ayudan, sí, pero no lo son todo.







